lunes, 5 de octubre de 2020

No mija!

     Es impresionante como algunas personas se refieren a la soledad como si fuera algo difícil de soportar o una situación de la cual hay que escapar. La soledad es para muchos la causa indiscutible de cualquier malestar, la razón inequívoca para sentirse indefenso ante las eventualidades de la vida. Algunos limitan la soledad al mero hecho de no tener una relación sentimental, a identificarse con el fin de su mundo interno, a desencadenar una tristeza inexplicable por culpa de alguien que ya no está.
     Para mi la soledad es un recurso que hay que saber utilizar, si la vemos desde el punto de vista práctico podemos convertirla en una aliada, en una forma de encontrarnos con nosotros mismos y descubrir cosas que antes no veíamos por falta de objetividad. La soledad es como el timón de un barco, solo lo puede manejar una persona, y solo esa persona puede decidir que rumbo tomar.
     Hace algunos años vi en televisión una entrevista que le hacían a una gran actriz venezolana, Marina Baura, la misma de Doña Bárbara, y en ese momento la periodista, refiriéndose a su reciente divorcio, le preguntó: “¿Cómo se siente ahora que esta sola?” y ella imperturbable le respondió “un momento mija, yo no estoy sola, simplemente no tengo una pareja” y ese precisamente es el punto, la soledad no puede limitarse tan solo a la falta de una compañía sentimental, la soledad abarca todo un mundo ajeno a nosotros mismos y no se puede dejar en manos de otra persona todo lo que se tiene en la vida.
     No trato de ser radical, trato de abrir los ojos a la cantidad de cosas que pueden lograrse en soledad: ese viaje tantas veces postergado, esos amigos que se descuidaron, esa rutina que jamás se cambió, ese libro que tantas veces evadimos, y muchas otras cosas.
    Es sencillo, se puede convivir con la soledad, sin convertirla en una opción sino en una oportunidad, es dejar de verla como un monstruo de 5 cabezas que atormenta de día y de noche sino mas bien como una aliada y cómplice de nuestro desarrollo personal.

Quisiera ser un lirio solitario
de blanca flor, estériles semillas,
engalanar el campo: mi santuario,
morir entre las flores más sencillas.

Quisiera ser la gota separada
bajo el cristal de una cascada herida
mirar desde la roca la enramada
donde empieza la tarde a estar dormida.
Quisiera ser la llama separada
como un pequeño sol del firmamento
para alumbrar de lejos su mirada
convirtiendo en cenizas su tormento

¡Cuánto nos cuesta callar una verdad!
¡Cuánto silencio... señora, Soledad!

Carlos Alberto Gallardo Chambonnet



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