Soy diferente, pocos saben que hace un par de años me subí a lo alto de una montaña y grité su nombre con tanta fuerza que se alejó para siempre todo mi dolor.
Ahora vivo solo, me gusta hablar con las plantas y oler las mandarinas antes de comérmelas.
Sueño a diario con el mar y me asusta su grandiosidad, si supiera nadar no sentiría ese temor.
Tengo un presente frágil, de inquietante espera, de no saber que espero.
Tengo coraje ahorrado pero aun no aprendo a pelear.
Ayer escuchaba música, hoy escucho el silencio, y me interrumpe la ilusión de tus pasos.
Y ya no está tu espalda esperándome a un lado de la cama, ni tu mirada enamorada sosteniendo una taza de café por las mañanas.
Entonces vuelvo a escribir, como antes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario