martes, 28 de julio de 2020

Mi concepto de "amor"



Soy de los que piensan que el amor verdadero llega una sola vez y vive para siempre, nos hace suspirar y deja que algo se estremezca entre las costillas: las mariposas que se quedan viviendo allí y que luego se alborotan con los recuerdos. Cuando uno se enamora suceden cosas que no se repetirán jamás: la lentitud de un beso en los ojos, el conocimiento de cada detalle de un cuerpo, una risa entrometida entre labios que no quieren separarse, una noche y una luna envidiosas, dos pieles y una sola temperatura, un adiós hasta ver desaparecer una sombra, los residuos que quedaron de un olor en la almohada, o despertar en la madrugada y acercarse para sentir el aliento de una respiración.
El amor es maravilloso, y cuando sucede permanece en nuestras vidas como un magnífico estigma que descubre lo mejor en uno y la capacidad que tenemos de proporcionar bienestar a otra criatura extraña. Es sencillo, el amor llega sin aviso y siempre inoportunamente, congela el resto de las cosas y comienza a jactarse de su indispensable presencia, de su aristocrática gracia, de su manera dictatorial de decir “aquí me quedo”.
Cuando el amor se marcha soñamos todos los días con volver a encontrarlo y a pesar de muchos esfuerzos logramos entender que es imposible buscar algo que seguirá viviendo para siempre en nosotros mismos. El amor se disfraza de persona, pero en realidad no es mas que un soplo que nos mantiene vivos, que nos hace útiles ante un destino prestado, mientras seguimos montados en el vagabundo tren llamado vida.

lunes, 27 de julio de 2020

Creo que


Existe una encrucijada en la vida, un momento en que me doy cuenta que no tengo la razón, cuando el orgullo me devora y me arropa la vergüenza. Suena incomprensible pero les voy a decir que no me refiero sino a esa sensación de creer que todos mis presentimientos son ciertos, que todas mis sospechas existen y que a final de cuentas no eran ciertos los presentimientos ni existían tales sospechas. Juzgo sin razón y me apropio de deudas ajenas, y convivo día tras día con la preocupación de una amenaza que jamás ha existido. Todo se reduce a algo tan simple como el despertar de una conciencia secuestrada por un ego absurdo y sin razón, por abrazar con temor una duda, por acudir desesperadamente a la odiosa alternativa de “creer que”.

Y así hiero corazones, maltrato sueños y empujo esperanzas hacia el vacío de la injusticia. Son palabras duras para mí mismo, porque un acontecimiento me hizo ver las cosas diferentes, porque merezco la cachetada a mi soberbia, una palmada limpia y elegante en mi rostro, que golpea y me sacude, que hace que me espante de mi mismo, que huya de mi reflejo.

Querido amigo que lees estas líneas, no permitas que tu criterio prevalezca por encima de todo, trata de mirar dentro de ti, calcula tus fallas y abre bien tus ojos porque tu carácter puede jugarte una broma muy desagradable, deja de aspirar y aprende a expirar, suelta tus temores y encuentra ese equilibrio mágico que te permita abrir tu corazón a las personas que piensas (crees) que te lo han cerrado.

martes, 21 de julio de 2020

Cruzando la línea




He tratado de encontrar respuestas en medio de la nada, de reconciliarme con mi presente y de creer que puedo encontrar una manera simple de borrar el pasado. Todo ha sido en vano. El mundo perdura precisamente por el famoso equilibrio que se dice que debe existir: lo bueno y lo malo, la risa y el llanto, el odio y el amor; sin embargo no estaba preparado para ver de frente la maldad en el cuerpo de la bondad y hoy lo vi. Se siente un vacío inexplicable, es como andar descalzo y a la deriva preguntándose: ¿Cómo llegué aquí? Y de pronto me despierto y tengo su mirada encontrándose con la mía, una mirada irreconocible, el rostro de la traición y el engaño,  la sonrisa sin pronóstico, la cara de la resaca de un alma embriagada de mentiras.
Habitamos en un lugar donde las oportunidades conviven al lado de los placeres fáciles, donde no importan los daños a terceros, donde el tonto no puede escapar de la mortal zancadilla.
Siento pena por las cosas que hoy en mi desaparecen: mi esperanza, mis ganas de creer en los demás, mis trucos de magia descubiertos, mi alma que se cierra un poco mas, mi sentido figurado y mi oportuna manera de interpretar las cosas a mi conveniencia.
Cuando alguien cruza la línea cierra también una puerta, destroza una ilusión ajena y baja el volumen de la risa futura, ya no se puede hallar distancia suficiente entre el perdón y el rencor.
Soy, a partir de hoy, un simple soldado armado en medio de una batalla, atormentado por el ruido del fuego cruzado, y sin tener mas remedio que mantenerme aquí, esperando un final que me permita regresar a mi casa, mi hogar.

martes, 14 de julio de 2020

Todos dicen te amo

Estoy asombrado
al oír a la gente decir que se ha enamorado
de algún infame desconocido
que a otros anteriormente ha herido.

Estoy asombrado
de ver a algunos precipitados
a mandíbula batiente sonriendo
felices porque se han enamorado

Pero te digo algo
en dos días
no se toca el cielo con las manos
ni se calman las ansias retenidas de un extraño

Verás como las llamadas
cada día serán menos
y encontrarás que su aliento
era solo una ilusión de momento… y le besarás menos

Quizás digo esto por cansancio
por haber creído tantas veces que estaba enamorado
sin estarlo…

O hablo sin pensar en otros
inocentes pájaros que si han volado
y han tocado el cielo con sus manos…

martes, 7 de julio de 2020

No me feliciten

             Pronto habrá transcurrido un año desde el matrimonio de mi hijo, y tal como lo dije a la hora del brindis fue un momento muy feliz en mi vida. Era el niño convertido en hombre preparando el terreno para formar su nueva familia, para descubrir un mundo de responsabilidades en solitario, el único momento en la vida de un hijo donde los padres no somos indispensables. A partir de entonces yo tuve que entender que el tiempo aceleró su marcha, no pasó como en otros casos donde este tipo de situaciones tardan un poco mas en llegar, simplemente el muchacho se me casó. La recepción fue sencilla y sobró la alegría, mi hermana que se encuentra con su nieta y la abraza y se humedecen los ojos al contacto, mi cuñada embarazada que me pone a correr por un antojo de ensalada de gallina,  mi mama apretando el vaso de cerveza porque el bendito mesonero a cada rato pasa queriendo llevárselo, los incontables primos de la novia pidiéndome que les tome una foto con sus celulares, el notario y la mamadera de gallo con el apellido del novio… en fin, fue una noche sublime, parecíamos envueltos en una nube mágica donde todas las miradas compartían el mismo encanto y las mismas esperanzas de felicidad.
            Solo me molestaba cuando alguien se acercaba a felicitarme a mi, como si se tratara de algún logro mío, cuando lo cierto es que no puedo vanagloriarme de haber sido un buen padre, me quedaron muchas cosas por hacer y las pocas que hice me salieron mal, la explicación lógica de tan maravilloso resultado es la capacidad increíble que tiene mi hijo de perdonar y de no guardar rencor por las tantas faltas de atención, por la desmotivación y por mi estúpida idea de creer que los hijos jamás crecen.
            Ahora lo veo y le doy gracias porque me siento indultado, porque su amor superó los obstáculos que yo le puse y porque (el no lo sabe) cada momento de su felicidad es un aliento de vida para mi.