He tratado de
encontrar respuestas en medio de la nada, de reconciliarme con mi presente y de
creer que puedo encontrar una manera simple de borrar el pasado. Todo ha sido
en vano. El mundo perdura precisamente por el famoso equilibrio que se dice que
debe existir: lo bueno y lo malo, la risa y el llanto, el odio y el amor; sin
embargo no estaba preparado para ver de frente la maldad en el cuerpo de la
bondad y hoy lo vi. Se siente un vacío inexplicable, es como andar descalzo y a
la deriva preguntándose: ¿Cómo llegué aquí? Y de pronto me despierto y tengo su
mirada encontrándose con la mía, una mirada irreconocible, el rostro de la
traición y el engaño, la sonrisa sin
pronóstico, la cara de la resaca de un alma embriagada de mentiras.
Habitamos en
un lugar donde las oportunidades conviven al lado de los placeres fáciles,
donde no importan los daños a terceros, donde el tonto no puede escapar de la
mortal zancadilla.
Siento pena
por las cosas que hoy en mi desaparecen: mi esperanza, mis ganas de creer en los
demás, mis trucos de magia descubiertos, mi alma que se cierra un poco mas, mi
sentido figurado y mi oportuna manera de interpretar las cosas a mi
conveniencia.
Cuando alguien
cruza la línea cierra también una puerta, destroza una ilusión ajena y baja el
volumen de la risa futura, ya no se puede hallar distancia suficiente entre el
perdón y el rencor.
Soy, a partir
de hoy, un simple soldado armado en medio de una batalla, atormentado por el
ruido del fuego cruzado, y sin tener mas remedio que mantenerme aquí, esperando
un final que me permita regresar a mi casa, mi hogar.
El último párrafo, se adapta fácilmente al Chile de octubre de 2019.
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