martes, 21 de julio de 2020

Cruzando la línea




He tratado de encontrar respuestas en medio de la nada, de reconciliarme con mi presente y de creer que puedo encontrar una manera simple de borrar el pasado. Todo ha sido en vano. El mundo perdura precisamente por el famoso equilibrio que se dice que debe existir: lo bueno y lo malo, la risa y el llanto, el odio y el amor; sin embargo no estaba preparado para ver de frente la maldad en el cuerpo de la bondad y hoy lo vi. Se siente un vacío inexplicable, es como andar descalzo y a la deriva preguntándose: ¿Cómo llegué aquí? Y de pronto me despierto y tengo su mirada encontrándose con la mía, una mirada irreconocible, el rostro de la traición y el engaño,  la sonrisa sin pronóstico, la cara de la resaca de un alma embriagada de mentiras.
Habitamos en un lugar donde las oportunidades conviven al lado de los placeres fáciles, donde no importan los daños a terceros, donde el tonto no puede escapar de la mortal zancadilla.
Siento pena por las cosas que hoy en mi desaparecen: mi esperanza, mis ganas de creer en los demás, mis trucos de magia descubiertos, mi alma que se cierra un poco mas, mi sentido figurado y mi oportuna manera de interpretar las cosas a mi conveniencia.
Cuando alguien cruza la línea cierra también una puerta, destroza una ilusión ajena y baja el volumen de la risa futura, ya no se puede hallar distancia suficiente entre el perdón y el rencor.
Soy, a partir de hoy, un simple soldado armado en medio de una batalla, atormentado por el ruido del fuego cruzado, y sin tener mas remedio que mantenerme aquí, esperando un final que me permita regresar a mi casa, mi hogar.

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